jueves, 26 de mayo de 2011

simulacro de escritura letras inciertas palabras que como un código desencadenan una acción posterior pero que desprovistas de orden aparecen como un lenguaje extinto una lengua muerta un animal desconocido para la ciencia una habitación oscura un recuerdo ajeno intento vaciarlas de la experiencia espero encontrarlas al final del camino mis palabras puras
decido hundirlas en un mar de incoherencia decido suspender cualquier impresión previa cualquier experiencia que me ate a una palabra determinada las letras mismas aparecen como extrañas con sus dobleces se me aparecen y yo que intento despojarlas de cualquier significado me hundo en un mar de incoherencia allí en lo profundo de ese mar me espera un orden desconocido pero también la certeza de que no puedo de ninguna manera desnudar la palabra
entiendo que aunque piense que soy yo quien viste a las palabras son en realidad ellas quienes me cargan de sentido ellas mismas son su propia finalidad causa y consecuencia me usan y no al revés mis palabras domesticadas me esclavizan son tiranas señalan los limites de mi pensamiento todo
pienso en mi ya derrotado por mis palabras, sin posibilidad y mas allá de ellas la nada el todo

viernes, 10 de diciembre de 2010

El tiempo y como evitarlo

I
La primera lección del periodismo es que la objetividad pura no existe. Por eso el periodista, guiado por su inefable instinto, debe seleccionar lo más importante y darlo a conocer: transcribir la entera realidad es imposible. La tarea del artista es similar: debe crear todo un universo solo para contar una historia. La tarea de selección del narrador (en una película, un libro, una canción) es la parte más difícil. El mundo que crea cada autor está condenado, desde su concepción, a desaparecer, o, por lo menos, a comprimirse exageradamente.
Sin embargo, sospecho que algunas obras podrían extenderse hasta el infinito. El Proceso, de Kafka, es una de ellas. La historia, desde que K es arrestado hasta su ejecución, podría fragmentarse infinitamente, como la distancia entre Aquiles y la tortuga.
Como Lennon cuando cortaba pedazos de cinta y los pegaba desordenadamente, Kafka acomoda una tras otra pequeñas anécdotas entre el final y el principio de su historia. Y eso es lo único que existe: un principio, donde se detiene a K, y un final, donde K es ejecutado. Estéticamente, parece que Kafka construye las viñetas con el material evanescente de los sueños y las pesadillas, tal vez resultado su escritura críptica.
Tal vez es un recurso del checo: denuncia las delaciones de un sistema jurídico escribiendo una novela en la que justamente el tiempo no importa. K es inmortal, pero el proceso que pende sobre su cabeza lo es también. Tal vez el proceso es la causa de la inmortalidad, tal vez su consecuencia.
De hecho, Kafka murió antes de concluir este libro: otra pista, tal vez definitiva esta, de la inmortalidad (literal) de la novela y, por extensión, del propio Franz Kafka.

II
Del tiempo
Seishin to Toki no Heya, o Habitación de la mente y el tiempo, es una sala de entrenamiento en el universo Dragon Ball. Lo fantástico de esta habitación es que dilata el tiempo. De esta manera, un guerrero podía entrenar todo un año dentro de la sala, pero estaría solo un día en el universo lineal. La única entrada a la habitación es mediante una puerta. Si esta puerta se destruía mientras una persona permanecía dentro, pasaría a otro plano, o a la siguiente dimensión. O se sumergiría en la ausencia de tiempo espacio: la Nada misma.
El espacio dentro de la sala es, como no podía ser de otra manera, ilimitado, infinito. Es interesante como se lo representa: un suelo con baldosas blancas, que se extiende hasta donde alcanza la mirada. Tiempo y espacio casi infinitos.

De la mente
Recordemos que la habitación se llama “de la mente y el tiempo”. La idea del espacio aletargado se relaciona de una manera estrecha (he aquí la mente) con los marcadores cronobiológicos. Más precisamente los ganglios basales y el cuerpo estriado, un circuito de intervalos alojado en el cerebro que se encarga de regular en el tiempo las actividades que realicemos, afectando a nuestra percepción, memoria y pensamiento.
Este circuito determina, por ejemplo, que cuando realizamos actividades agradables el tiempo resulte mucho más rápido que cuando hacemos algo pesado, aburrido. La habitación misma es una inmensa metáfora sobre el tiempo biológico y el tiempo cronológico, sobre las múltiples percepciones que puede tener el ser humano del tiempo.
Lo mismo encontramos en el final del primer libro de la saga Narnia. Los cuatro personajes, adultos tras una vida entera detrás del armario, vuelven al mundo real como los niños que habían entrado: escasos minutos habían pasado desde su partida. Lewis pone el acento en la imaginación, y lo postula como método de evasión del tiempo lineal. La habitación del tiempo, un armario: son variados los símbolos creados como forma de evadir el tiempo, de superarlo: tal vez la única meta del ser humano.

jueves, 4 de noviembre de 2010

tres reflexiones (2)

Durante ocho años, incubé grillos en el cerebro cuando dormía. Se amontonaban detrás de los ojos, en los huesos de mi cara, en los espacios vacíos. Tanteaban en la oscuridad de mi cuerpo.
Cuando llegó el día, brotaron de golpe por mis fosas nasales. Desesperados por huir de su cautiverio, arrancaron la carne. Otros salieron por mi boca. Al encontrarse con la luz del sol fueron muriendo. Treinta y seis grillos. La mayoría se retorcía con espasmos y luego moría.
Algunos, sin embargo, consiguieron escapar de la mortífera luz solar. Se arrastraron hasta la sombra y una vez allí empezaron a cantar alegremente.
Yo los oía cantar y pensaba en las palabras y el tiempo. O mejor dicho, en todas las palabras y todo el tiempo perdidos. Porque, ¿las palabras perdidas son consecuencia del tiempo perdido? ¿O todo el tiempo perdido es consecuencia de las palabras perdidas? En eso pensaba y miraba a mis grillos cantar alegremente.

Fantasmagoria es, tal vez, la materia del pensamiento, de las ideas. Es quizás la dulce carne con que construimos los poemas. O podría ser una propiedad exclusiva de las cosas muertas: tanto los animales como los océanos muertos están recubiertos con fantasmagoria, una fina película plateada, casi imperceptible al ojo humano. O es luz lejana, espejismo, premonición. Fatalidad.


Poemadivinanza #280/5
Tropical,
agua de la luna,
superstición.
Luz cálida, que brota bajo mis pies.
Tres tigres amansados a la luz de las estrellas.
Poder, inmenso poder. Inabarcable.
Memoria vacía, que se va llenando de oxígeno.
Un ojo negro, profundo como el océano.
Todos los sonidos de la historia comprimidos en un verbo susurrado.
¿Cuál es?

miércoles, 6 de octubre de 2010

Galahad, el guerrero gris

Según M, el poema, o su materia prima, atraviesa dos movimientos antes de volcarse al papel. El primero, ad intra del poeta, es el de ascenso: el poeta concibe su obra internamente: toma contacto con poema abstracto, puro en su contenido y libre en sus formas (o tal vez libre en su contenido y puro en sus formas).
El segundo deber del poeta, ad extra, es el ejercicio de las letras: el descenso, a las formas finitas de lo terrenal. Es deber del poeta tanto ceñirse a lo impoluto, en un intento fallido desde su concepción, como el de aceptación de las rígidas leyes que el lenguaje impone, producto esta de aquella.

Para B, la del poeta es una tarea que reside menos en la poesía en sí, que en la creación de razones para que su obra sea admirable. Acto interno este, logrará solo modificar al poeta, en una suerte de gesta interna: tan atormentada como insignificante.

martes, 28 de septiembre de 2010

una imagen para tito landy

Mientras suena la canción Nunca llueve en la California sureña, de Albert Hammond, camino por el centro de alguna ciudad del conurbano. Los carteles rojos y negros se superponen y se mezclan con los cables, como si fueran venas y huesos. Se escuchan bocinas y gritos, que se confunden con la flauta que suena en la canción. Yo camino, ignorando los signos de mal augurio que veo entre la basura de la calle. Se pueden superponer imágenes de Operación Dragón, de Bruce Lee. Atravieso casas de deporte, casas de belleza, casas de electrodomésticos.
Llego a mi destino: un supermercado chino. Un tipo de pelo largo, con un parecido increíble con Robert Downey jr, me habla. No entiendo que dice. Creo que me pregunta algo, espera que le conteste. Me quedo callado. Un cartel de Nippur, el guerrero de Lagash, se erige inmenso en una pared, portando una espada. Los abdominales del tuerto brillan al sol, orgullosos. Junto a él cuelga un látigo negro, brillante. Le pregunto por el látigo a mi interlocutor. Se lo señalo. Lo va a buscar, lo trae y me lo entrega, entre frases incomprensibles. Ignorándolo, recorro con las yemas de mis dedos la superficie plástica del látigo. Es rugoso y caliente en el mango, como el grip de una raqueta, pero a medida que llego al extremo, se va haciendo más frío y más liso, como si tocara una madera.
Ahora suena Los comediantes, de Charles Aznavour.
El tipo me señala una escalera. Me empuja. Yo me deshago de él y la subo. Arriba me espera lo peor.

tres reflexiones

Venus
Hay un cuento en el que Bradbury presenta a Venus como un lugar en el que llueve eternamente. Esto conlleva una forma bastante inédita de suicidarse: acostarse en el suelo (tratando de estar a cielo abierto), abrir la boca y mantenerla abierta. Los suicidios de los terrícolas en Venus son bastante frecuentes: Bradbury describe lo que sucede con los hombres que pasaron años y años bajo la lluvia. Es como si la lluvia los fuera desgastando, erosionando. Como si a los astronautas se les diluyera el color en esa lluvia eterna. Sin embargo, periféricamente ubicadas, existen en Venus ciertas cúpulas de Sol: construcciones de mediano tamaño en las que los hombres pueden secarse, pueden comer. Un pequeño sol, ubicado en la parte central de la sala, permite a los hombres desnudarse y tumbarse, refugiados de la lluvia que afuera continúa cayendo, inmortal.
Los venusinos, criaturas anfibias, sabotean las cúpulas. Destrozan el edificio, apagan el sol. Y si hay algún humano dentro, se lo llevan y lo ahogan.
Puedo imaginar esa imagen con “A hard rain is gonna fall” de Dylan sonando de fondo: los venusinos, muy parecidos a la criatura de La cosa, destruyendo la cúpula dorada, mientras Dylan canta sobre una autopista de diamantes que nadie usa, sobre doce océanos muertos.


La diablada
Veo a la diablada durmiendo. Vistiendo pantalones anchos, sucios. Sombreros de paja. En un momento, como si hubiera sido premeditado, todas las panzas se hinchan con el respirar de la diablada. Algunos llevan rastrillos con ellos. Es de madrugada. Sobre el pasto verde nacen pinos altísimos, que se recortan sobre la noche que va muriendo. La diablada, inmutable, sigue durmiendo sin sospechar el milagro que está por empezar.


Requisito
Para que funcione, la materia liviana, ínfima, del poema, debe hacerse carne. Hacerse electricidad. Una potente descarga que recorre el cuerpo y lo llena de energía. O hacerse viento, una brisa que despeina, que sopla en los ojos y los nubla o los llena de lágrimas. Quizás se convierta en sonido, en pluma y en carbón.

jueves, 2 de septiembre de 2010

aviso

1
Una raza de supermujeres brota inesperadamente de las entrañas del inabarcable conurbano. Potentes, neumáticas, guerreras.

2
Hijas del desafío tropical, de la muda, inequívoca e involuntaria reivindicación de lo aborigen, hijas del Sol, de una televisión invencible en su banalidad; que no contenta con sus dominios, trasciende sus límites físicos y se cuela en toda la vida: que es como la lluvia, putrefacta, turbia, que entra mansa en mi casa, en tu casa. Y se hace carne: una carne dulce, sagrada.

3
Son la nueva apuesta revolucionaria, que somete por su sabor. Son las nuevas amazonas. Violentas, con su rostro abigarrado de malas intenciones miran desafiantes al mundo. Las hijas de los drugos de Burguess. Las reinas del feminismo involuntario.
Por las noches invaden las calles, tatuadas, y someten a quien se le cruza por el camino. Los gritos desesperados se oyen, pero nadie quiere salir: lo que en principio era un pasatiempo casi burgués es ahora un fuego explosivo, inmortal.

4
Las miradas afiebradas, que no dejan licuar lo carnavalesco ni siquiera en los bordes góticos, se detienen en su próximo objetivo. Biología y cronología exactas, que se unen para crear el azote último de la vida. Atrás quedaron los falsos profetas, el nuevo superhombre, la mala poesía que renacía, imborrable: todo eso está a punto de desaparecer. Nuestras hijas marginales nos tienen en sus manos. De sus bocas emana el último sonido de la vida, ese que escucha la gente antes de morir. Temblamos como nuestros antepasados europeos temblaban al escuchar la tierra estremecerse bajo los cascos del ejército huno.

5
Mientras retozábamos con nuestros jueguitos proustianos, mientras nos inventábamos una mujer nueva solo para complacer nuestra languidez, se gestaba algo en el seno último, en el seno equivocado, ese que alimentamos y subestimamos. Ese que crecía rechoncho y lleno de vida bajo nuestra mirada desatenta. Casi como un signo irónico de los tiempos: donde lo divino y lo pagano se alinearon, ahí nació un monstruo.
Un monstruo que se hoy se asoma a nuestras ventanas, que las rompe, que se bebe nuestra sangre en bárbaro espectáculo.

Por eso, joven argentino, esto es un llamado a tu saludable, robusta y maravillosa violencia. A la inmensa capacidad de brutalidad que tenés adentro.

Hoy por hoy es nuestra única esperanza.